Piedra

Piedra

No he ido a Berlín.
Ni a Tokio.
Ni a Cancún.

Ni ganas tengo.

Estuve en Bali y bueno.
Vimos un volcán. Sí, pero sin erupcionar. Era como una montaña con niebla.
Vimos una playa con una selva detrás. Estaba llena de basura.
Los templos, muy bien, muy iguales.

No sé. Será que todos esos sitios ya los he visto por algún lado.
O que la idea de ir me cansa.

Muchas veces prefiero quedarme en Elche. O en Santa Pola si es verano. Como hacían mis abuelos.

Eso sí, luego hay sitios a los que sí quiero ir.

Como Láncara.
El pueblo de Xisela.

He visto alguna foto y no está mal. Mucho verde.
No parece que pase demasiado.

Pero lo que me atrae es cómo habla ella de allí.

Partidas de cartas después de comer.
Ir al río a tirar piedras.
Ir a ver los caballos del vecino.

Aquí también hay vecinos con caballos. Y piedras en ríos.
Y en Berlín. Y en Tokio.

Pero en Láncara es distinto.
Mientras lo cuenta le ocurre algo mínimo.
No sabría explicarlo.
La voz le cambia medio tono.
Como si estuviera escuchando otra cosa por debajo.

Y luego vuelve.

Sigue hablando normal. Pero sonríe.

A veces miro fotos de Láncara.
Una carretera mojada.
Un bar vacío.
Árboles.
Perfecto.

Yo no quiero ir exactamente a Láncara.

Quiero ir al sitio al que se va Xisela cuando habla de allí.

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