Durante años tuve una moto.
No en la vida real. En los sueños.
No aparecía todas las noches. Ni siquiera todas las semanas. Pero cuando aparecía, el sueño continuaba exactamente donde había terminado el anterior.
La primera vez que me di cuenta me desperté bastante impresionado.
La segunda, preocupado.
La tercera ya lo asumí.
Tenía una moto.
Era una moto normal. Ni especialmente bonita ni especialmente rápida. Ni siquiera sé de qué marca era.
Solo sabía que era mía.
Y que siempre tenía algún problema pendiente.
Un sueño la dejé aparcada junto a un descampado.
Meses después soñé que volvía a por ella.
No estaba.
Me pasé todo el sueño buscándola.
Otra noche la encontré.
Estaba unas calles más abajo.
No me pregunté cómo había llegado hasta allí. Aceptaba las reglas de los sueños.
Arrancó a la primera.
Sentí un alivio enorme porque dentro del mismo sueño me acordé de la vez no arrancó y estuve dándole a la pata toda la noche. Me levanté sudado.
Otro sueño fue entero intentando recordar dónde había dejado el casco.
Otro haciendo cola en una oficina para cambiar unos papeles.
Otro buscando una gasolinera.
Nunca pasaba nada emocionante.
No perseguía a nadie.
No huía de nadie.
Mi subconsciente me había regalado una segunda vida basada exclusivamente en la gestión administrativa de una moto blanca y azul.
Con el tiempo empecé a cogerle cariño.
No a la moto.
A la continuidad.
Me gustaba pensar que, mientras yo hacía otras cosas, aquella historia seguía existiendo en alguna parte.
Como una serie que emitieran muy despacio.
Un capítulo cada cuatro o cinco semanas.
Luego dejó de aparecer.
Al principio no me di cuenta.
Pasaron unos meses.
Después un año.
Una noche, mientras intentaba dormir, pensé:
Hace mucho que no la veo.
Desde entonces tengo la sensación de haber dejado algo pendiente.
Ahora, antes de acostarme me pongo Google images. Busco “moto blanca y azul” y veo miles de fotos a ver si la encuentro.
También busco “descampados Elche” con google street view.
Por si apareciera.
Nada.
Me duermo con el móvil en la mano, pero sueño con cualquier otra cosa.
Que se me caen los dientes.
Que no tengo fuerza en los brazos.
Que entiendo las letras de Eminem.
Pero nunca con la moto.
Por el día me viene el recuerdo.
Me pregunto dónde se habrá quedado.
Si está aparcada a la sombra.
Si me han quitado el espejo retrovisor.
Si algún coche la ha tirado.
Asumo que me la han robazdo. Quitaron la chapa de delante y cruzaron los dos cables del contacto.
Sé que esta noche habrá alguien soñando que tiene que pasar la itv.