Calzoncillos

Calzoncillos

Dijo el médico del hospital privado.

«Lo sacaba ya» se refería a nuestro hijo.
«De ahí dentro», se refería a la barriga de Cristina.

He visto luchadores de MMA con más delicadeza que aquel médico.
Fue el mismo que semanas antes nos dijo tan pancho que nuestro hijo tenía un percentil de cabeza del 95%. Y un 3% de fémur.

Mini fémur y súper cabeza.

Suena a dupla directores creativos.

Al final salió cabezón, como su padre, nada dramático.

Totalmente en shock, nos entró algo de lucidez: esperar dos días a que nos viera el médico de la pública.

Nos preparamos.

Mochilas, biberones, silleta del coche, mudas, cargadores, balón de pilates.
Lo teníamos claro: o salía o lo sacaban.

Había dos mochilas, dos bolsas de deporte y una del Lidl esperando en la puerta. Todo ordenado. Era una mudanza al hospital.

Nos acostamos pronto.
Dormimos mal.
Nos despertamos peor.

Ella se estaba lavando los dientes.

40 semanas.

Cogí mis «calzoncillos ultra cómodos de la suerte».

Y ahí.

Con un pie en el suelo y otro en el aire para meter la pierna.

Posición de flamenco.

Clash.

Latigazo lumbar.

Seco.

Caí boca arriba gritando. Cucaracha. No me podía mover.

Desnudo.
Sin margen de maniobra.

Ella se giró. Cepillo en la boca. Me miró. Se acercó. Me puso los calzoncillos. Luego el pantalón.

Despacio. Me levantó.

No había tiempo para hablar.
Ni reír.
Ni llorar.

Hoy iba a nacer nuestro hijo.

Cogí las bolsas. Casi todas. Estando recto podía ser funcional. Pasitos cortos. Cuello robot. Si alguien me hubiera visto, habría pensado: este hombre tiene controlada la situación.

Llegamos al coche. Me senté. Metí la llave. Pisé el embrague.

Latigazo.

Más fuerte.

Respiré.
La miré.

Se sentó con la barriga tocando el volante. Yo al lado, con el respaldo totalmente bajado, intenté ser buen copiloto.

Llegamos a urgencias.
Cuando la vieron la sentaron en una silla de ruedas y la entraron a hacer pruebas.

Cuando me vieron me sentaron en una silla de ruedas y me metieron a hacerme pruebas.

Un futuro padre y una futura madre.
Mismo hospital.
Pasillos distintos.

El médico me pinchó un buen calmante.

Me miró una última vez.
Ni adiós.

La encontré. Esperamos horas.
No hubo dilatación.

Nos mandaron a casa de vuelta.

Me subí al coche.
Ahora sí.
Con el calmante.

Parecía que sí.

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